lunes, 16 de junio de 2008

Monólogo de las cosas que olvidé decir antes de mi muerte

¿Quién carajos necesita redención antes de morir o de matarse? Se vive como se vive y se muere como se muere. Todo el mundo sabe que no hay nada después de esto, que el milagro de la vida es este y es ahora. Sí sí, la ética… sí sí, la moral por aquello del orgullo de ser un buen ciudadano. Pero, ¿realmente tengo que ir a buscar la redención en alguna parte cuando lo que me interesa es experimentar la muerte? really?! Un amigo mío que lee mucha literatura y que se cree la última jodienda en la "teoría", whatever the fuck sea la mierda esa, me dice que es imposible experimentarla porque dis que "yo" no puede experimentar la muerte, porque "yo" es una cosa de la vida y que tan pronto entra la muerte, desaparece. ¡¡Puf! como el humo! Como si me importara a mí tres pepinos angolos lo que la filosofía diga. Tengo otra que dice que somos energía y que como la energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma, pues que nos transformamos en otra cosa. ¡Vaya usted a saber en qué! Esa no llama a la muerte "muerte", la llama "cambio". Se me parece a los gringos que no se les puede decir que "Juana died", sino que hay que decirles en un tono bastante serio "Juana passed away" y si le quieres añadir un "I am afraid" en el principio de la frase, probablemente no te miren como un extranjero. Yo me pregunto a dónde carajo sería que Juana pasó o a dónde rayete fue que entró. A mí que me lo digan sin palabras de domingo: "Juana se murió". Tengo otro amigo bastante religioso que cree que después de la muerte hay un paraíso. ¡Bendito! A los papás de ese se les olvidó incluirle a Dios en la lista cuando le dijeron que Santaclós, el ratoncito de los dientes, el conejito de easter, el cuco, el hombre del saco y el mostro de la laguna negra tampoco existían. Le desmintieron todo menos la ilusión pendejita del más allá. Por eso mismo es que no me interesa la redención ni tampoco la mierda esa de la confesión porque ellas te crean la ilusión de que hay que morir en paz y de que existe otro lugar. Yo no tengo que entrar limpio a ningún lado más allá que este. Si voy a dejar de ser, pues ok, dejaré de ser. No me queda de otra, es regla de vida: acabar, morir, tener principio y fin como las cosas buenas de la vida. A mí tampoco me contaron que Dios era una mentira y en eso compadezco a mi amigo. Me hubiera hecho bien que me lo dijeran con tiempo. Habría entendido tempranito en la vida que no hay esperanza que valga, la vida es como es y punto. Quisiera decirle a mi amigo, pero no puedo porque diría que me hace falta Dios. ¡Claro que me hace falta! Hace siglos que me desteté del cabrón: es un power freak que no deja a nadie vivir en paz. ¡Carajo! Hay que ver cuántas guerritas tiene el tipo sobre las espaldas o sobre la cabeza o sobre cualquier lugar que tenga parecido a un cuerpo. O no importa donde lo tenga, si a final de cuentas, también fue cuento que estábamos creados a imagen y semejanza. Hay que ver en cuánta lucha espiritual ponen a uno cuando empieza a descubrir su sexualidad. Hasta Yiye Ávila dijo que la masturbación era un demonio. Claro, te lo dice un viejo que ya chichó que ya pecó que ya metió y que no le queda otra que consolarse con la única mujer que tiene por la envidia de los que podemos darnos a quienes queramos sin complejos ni ataduras. Los religiosos no entienden que los sueños mojados son una simple cosa biológica que nada tiene que ver con demonios. ¿Demonio? Demonio será el capitalismo que crea la jodida pobreza del mundo sacrificando a unos y enriqueciendo a otros. Y díganlo en las iglesias, POR FAVOR, para que se les caiga el kiosko a los pastorcitos pentecostales de pacotilla que estudiaron en el colegio teológico de la esquina donde no les enseñaron que los originales de la biblia son pedacitos de servilleta con tres líneas escritas y que lo demás lo ha añadido la tradición y la iglesia católica apostólica y romana en su lucha de quién manda más y quién peca menos. Hay que ver cuántas vidas han robado con la preguntita: "¿Eso es lo que Dios quiere para tu vida?" "Hay que ver hay que ver" como dice la canción de Cortez: la vida de infierno que le hacen vivir a todos imponiéndoles modos de vida, parejas sexuales, diezmos consistentes, obediencia ciega a los pastores y el automatismo en el que sumen a los feligreses con la vida del ayuno y la oración. Yo creía en Dios por mi abuela y por mi madre, mujeres de iglesia las dos, devotas hasta los tuétanos. Pero decidí que era mejor quedarme solo. No les niego que a veces me invade la nostalgia de la creencia. Creer que alguien te cuida y te protege es una idea romántica de la suerte, pero es linda. Cuando te quedas solo, sin Dios y sin esperanzas del más allá, te enfrentas al final sin science fiction y sin pastos verdes esperándote en otras orillas. Ahí sí que uno es valiente. Te enfrentas al abismo de la nada y punto. Cuándo el dichoso horizonte ese desaparece ya no hay redención posible. No hay misterio ni preocupaciones de infiernos de azufre. Así que no llamen a ningún cura ni a ningún pastor cuando encuentren mi cuerpo guindado, vomitado o con las sienes explotadas, (todavía no he decidido cuál será la escena que quiero que descubran los míos), que yo no voy a ninguna parte, prueba de ello es que me encontrarán aquí. ¡Cómo me revienta que en los funerales la gente diga que el muerto no es el muerto, que no está, que se fue! Yo creo que no se ha ido a ningún lado: el muerto es un narciso caníbal, tan enamorado de sí mismo que ha decidido irse enguyendo poco a poco hasta desaparecer. Ya me veo en el titular de las noticias del 2: "Joven talentoso se suma a la ola de suicidios de la isla". ¡Lo que hay que hacer por un pedacito de publicidad en esta isla! I never made it cuando gané las competencias de ingeniería en Mayagüez o cuando me gané la beca que me llevó a hacer investigación a la NASA, but who cares. No vayan a pensar que lo hice por la fama de las noticias insulares de catástrofes ni tampoco porque estaba insatisfecho con mi vida ni porque me diagnosticaron alguna enfermedad catastrófica. Nada de eso. No les dejo carta porque no hay razón para lo que voy a hacer. Lo haré porque sí. Por la simple curiosidad de hacerlo. Ya ven que ni sé cómo lo voy a hacer. Aquí no hay plan ni desespero. Nadie me ha dejado, no estoy muriéndome de amor ni de desengaño. De hecho, me acaban de dar un aumento en el trabajo, tengo un hijo en camino y mi esposa me hace feliz. ¡Ja! Vida de cuentito de hadas, ¿verdad? La verdad es que tengo un coco con la muerte que no me lo quita nadie y esta mañana cuando me levanté pensé que hoy era el día perfecto: hace un calor descomunal, la gente está votando por Hillary y Obama, cosa que me da risa. La pobre Hillary hasta con los mitas terminó por lo desesperá que está. No sabe qué más hacer para ganarle a Obama. Anda hasta prometiendo votos presidenciales y como aquí la gente también está desesperá pues por ella van a votar. Se oyen los altoparlantes por todos lados. Es un día de bullicio lindo para yo meterme de lleno en el silencio. No había estado tan obsesionado con la muerte hasta que se murió mi hermano. Tampoco asuman como psicólogos de pacotilla que estoy profundamente deprimido por la muerte de Pedro. Mi hermano murió por drogo, se había inflao de manteca las venas y no hubo Hogar Crea ni internados en Philadelphia que lograran quitarle la manía esa del viajecito perpetuo. Lo que me daba era una pena terrible verlo tan angustiado por recuperar el viaje de la primera vez, obsesionado con regresar a experimentar una cosa ya irrecuperable. Su muerte no me produjo tristeza pero me lanzó la pregunta de la vida y no se trata de que me haya lanzado a una empresa de autoconocimiento a lo Paulo Coelho ni a la pésima "humortivación" de Silverio Pérez. Nada de esas mierdas de aprender a vivir bien aceptando que alguien se haya llevado mi supuesto queso. La muerte de mi hermano me preguntó por el misterio ese del a dónde vamos y del de dónde venimos, que al fin y al cabo es la misma pregunta. El misterio radica en que no hay misterio. No me produce tristeza ni angustia pensar la muerte como un fin. Ciertamente es difícil creerse que uno se va a morir, pero la vida cansa como el sueño. Por eso la abuela dormía todo el día para el tiempo que murió de vieja. No dormía en las noches y pasaba el día durmiendo recostada en el sofá con todas las persianas cerradas en un afán de noche terrible. A diferencia de ella, yo no me he cansado de la vida y lo que me llevará a la muerte es la curiosidad. La muerte por la muerte. Ya que me asomo al abismo, qué hay de malo en lanzarse. Lo único que me entristece un poco es que no me entiendan y me crean loco o que vayan a estar haciéndome rezos o pidiendo por mi alma los amigos que creen que el suicidio me llevará al infierno. Tienen que exorcizarse de esos males. No me enorgullece formar parte de la cifra, pero valga decir que mi caso es inteligente. Ni me lloren ni me recen que no hay alma ni espíritu ni energía ambulante descargada en mi cuerpo. Los 21 gramos de la película no era el peso del alma para los que se creyeron el romanticismo, es el peso del aire que se exhala. Así que para ya decir lo que hay que decir: el que se queda respira, el que muere exhala y expira.


1 comentario:

Tajalápiz dijo...

"tener principio y fin como las buenas cosas de la vida". Gran verdad; el hombre tiene miedo del fin, de ahí los avances de la medicina. Terrible. ¿Morir por curiosidad? Tremendo punto de vista, pero esa curiosidad es ya signo de creer en algo más allá, la gran inquietud. Recuerdo una frase del Nosferatu de Herzog que no entendía porqué los humanos se quejaban de deber morir, si no había peor cosa que la eternidad.